Einstein, el lado místico

AUTOCONOCIMIENTO INTEGRAL

Las cosas maravillosas que aprendemos son obra de muchas generaciones, que se depositan en nuestras manos para que las recibamos, honremos, aumentemos y podamos transmitir fielmente a nuestros hijos o discípulos.

Einstein decía de sí mismo que no era más que una de las manos serviciales que se esfuerzan con su trabajo para que la estatua del Conocimiento no quede oculta por la arena del desierto.

Como científico y buscador de la verdad, llegó a reconocer que la razón no alcanza a explicar todo el orden que la vida hasta en sus más mínimos detalles delata. Reconoció los límites que nuestra mente tiene para comprender ese misterio, pero no tiene reparo en confesar la inmensa admiración que le produce la contemplación de la Naturaleza.

Einstein reconoce que solo hay unas cuantas personas ilustradas con una mente lúcida y un buen estilo en cada siglo. Y por eso, lo que queda…

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